Se me está
rompiendo el corazón
Se me está rompiendo el corazón…
Al ver una pequeña mano
Escondida en el perraje de la madre.
Piel pegada al hueso.
Uñas carcomidas.
Y un mendrugo de pan
Como en escondidas.
El ojo derecho de la niña
Tiene una tela gruesa,
Casi transparente,
Como una lente de lágrimas.
Su nariz respingada
Endurecida de mocos
Apenas respira.
Y la espalda-cuna
De su progenitora
Sube y baja
Al ritmo de las piedras,
De los charcos,
De los guijarros
De la vereda
Que lleva al pueblo.
La niña a veces duerme.
Y a veces despierta,
Sorprendida.
¿qué está haciendo
En este mundo frío
Y tenebroso?
¿Dónde están los pechos,
Dónde, los pezones?
Si su madre parece su hermana.
Casi tan chica como ella.
Sin pechos.
Sin pezones.
Y con una ardiente herida
En el centro de su inocencia.
Se me parte el corazón.
Y volteo esta página
De mi vida.
Y busco una con paisajes,
Con volcanes,
Con lagos,
Con ríos,
Con cangrejos.
Y sólo encuentro
Horizontes
Con mandíbulas comerciales
Que muerden
Nuestro ímpetu consumidor.
Y de nuevo veo
A la niña.
En la espalda de otra niña.
En la espalda de mil niñas
Que en fila india
Caminan temblorosas
Hacia el hastío
De sus vidas.
Y surge la
sombra de los generales.
Y la sombra de los sargentos.
Y la sombra de los falsos líderes sindicales.
Y los presidentes
Que celebran el día del niño,
Y de la tierra,
Y de la independencia,
Ataviados con sus dorados trajes
Con sus dientes de oro,
Con sus minas de oro,
Con sus mancuernillas de oro…
Recordando
Sus dorados tiempos
De dictadores.
Y vuelvo a voltear la página.
Y encuentro parques
Y templos
Y escuelas sin techo.
Y la ignominia reinando
En todos los pechos.
Y regreso las páginas.
Y vuelvo al principio.
Y encuentro “canchitos”
A caballo.
Con espadas en forma de cruz.
Entregando espejitos
A los abuelos de la niña-madre.
Y es la de nunca acabar.
Paso las hojas
Y no encuentro paz
Ni justicia
Ni amor.
Y mejor cierro el libro.
Esperando que
Llegue
Un libro
Mejor.
C.Golcher, 4 de octubre 13:58.
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