Estamos esperando la Era Nueva, no como la que llega cada treinta y uno de diciembre, sino como la que llega cada cinco mil docientos años.
Imagino estar en el año siete mil docientos doce.
No escribiríamos un blog. Viviríamos en el blog.
Cada vez que estuviéramos en una situación, nuestra identidad, quizá nuestra alma o espíritu o como quiera llamársele, se haría espacio entre las letras del texto.
Nos haríamos acompañar de notas musicales -sólidas- de nuestro concierto favorito.
Probablemente llevaríamos nuestro alimento, buscando acomodarlo entre algunos paréntesis.
Y "practicaríamos" nuestro diálogos en vivo: se harían realidad todas nuestras fantasías.
Platicaríamos con Da Vinci, explorando sus aún inexplorados trazados. Sentiríamos la música de Beethoven, mientras él nos explicara cómo se imaginaba las notas musicales más allá de su sordera.
Y probablemente Einstein se reiría con nosotros al comprobar que su teoría estaba relativamente incompleta.
En fin, sólo imaginamos lo que ocurrirá dentro de los próximos cinco mil docientos años.
Continuemos con nuestra expectativa. Y colguemos de los astros nuestras oraciones para que los cambios sean suaves y lentos.