PRÓJIMO.
(Del lat. proxĭmus).
Aunque no queramos, en nuestra “civilización occidental”,
estamos constantemente “techados” de conceptos bíblicos. La doctrina cristiana – la verdadera –
aquella que sigue el ejemplo de Cristo (por eso se llama “cristiana”), se
refiere al prójimo, aplicando estrictamente lo que dice el griego o el latín al
respecto: es el ser humano “próximo” a nosotros, por lo que, entonces, nuestro
prójimo estaría limitado a todos aquellos que estuvieran al alcance de nuestra
vista, como los parientes, los amigos cercanos y algunos vecinos.
Pero si los parientes, los amigos no muy cercanos y ciertos
vecinos no comparten nuestra doctrina, dejan de ser “hermanos” y ya no serían
nuestro prójimo.
Pero según la Real Academia Española, prójimo se refiere a
“hombre respecto a otro, considerados bajo el concepto de la solidaridad
humana”.
Ah, esto nos abre el concepto y nos permite mirar más allá
del limitado horizonte que nos imponen las doctrinas.
Aclaremos que dentro del cristianismo, resquebrajado en
innumerables sectas, sobre todo los pentecostales y neopentecostales,
cristianos renovados, mesiánicos, mormones (creen en Cristo a su manera),
testigos de Jehová (igual que los judíos, esperando aún al Mesías) y sobre
todo, los de la llamada “iglesia de la prosperidad”, que ha promovido las ya
tristemente célebres “mega-iglesias”, que han sido construidas a base de
mega-maratones televisivas y otros medios “mediáticos”; cada sector dice tener
“la verdad”.
Pero, sinceramente, la “verdad” es relativa, ya que depende
exclusivamente de nuestro punto de
vista. Si somos espectadores, depende de
dónde estemos en el estadio o en el teatro, para apreciar “la verdad” del gol o
de la calavera de Hamlet.
Si somos neopentecostales nuestra verdad nos dirá que el
Espíritu Santo podrá ser invocado a nuestra discreción y que nos ayudará a
interceder por el milagro cuando nosotros queramos.
Si somos bautistas nuestra verdad nos dirá que el Espíritu
Santo llega a nosotros en el momento que el Señor decide aceptarnos como sus
hijos y que desde entonces permanecerá en nosotros.
Si somos de alguna otra religión o secta la verdad nos dirá
que posiblemente el Espíritu Santo no exista o que es un “dios accesorio”.
Si dentro de los mil millones de cristianos que hay en el
mundo hay tantas “verdades” sería optimista pensar que mil millones tienen “la
verdad absoluta”.
¿Y los otros seis mil millones que no son cristianos? Budistas, animistas, judíos, musulmanes…
tantos y tantos que dicen sólo ellos tener “LA VERDAD”.
Ahora bien, para no perdernos, el prójimo en cada una de
estas corrientes religiosas ha de ser distinto, según su respectiva
“verdad”.
La RAE menciona unas palabras mágicas: SOLIDARIDAD HUMANA.
A través de la Naturaleza, Dios le sirve al gorrión, al
gusano, a la vaca, a la oveja, a la ballena, al delfín, a las orcas, a los
leones, a los depredadores en general y a los depredados en general, a cada
cual según su especie.
A través de la Naturaleza Dios es solidario con todos los
seres existentes.
Si el hombre fue hecho a semejanza de Dios… ¿no esperaría Él
que el hombre fuera tan solidario como Él?
La solidaridad humana, ante tales diferencias entre los
hombres no deja, entonces, de ser un mito.
No es posible ser solidario con un musulmán que voltea a ver a la Meca
todos los días, aunque interrumpa algo importante. O con un judío que no quiere trabajar el
sábado porque su religión se lo prohíbe.
O con algún animista que tiene que sacrificar algún animal y utilizar
sus entrañas para lograr sus propósitos.
¿Y cómo un Neo-Nazi cabeza rapada puede ser solidario con
Obama , que es negro? (Ergo: Obama no
puede ser prójimo de los Neo-Nazis)
¿O un pastor fundamentalista con un homosexual porque en la
Biblia se condenan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo?
(Ergo: los gays no pueden ser prójimos de los pastores fundamentalistas)
Ante tal diversidad de pensamientos, filosofías y creencias
religiosas… ¿quién es nuestro prójimo?
La descalificación que hacen las
“verdades relativas” provocadas por el “libre albedrío”, causa que reduzcamos
nuestro círculo de “prójimos”.
Y ahora, tema para una próxima entrada o trazado:
Algún día llamaremos a la Humanidad HERMANDAD. Y entonces, sólo entonces, encontraremos a
nuestro verdadero PRÓJIMO.


