Un celular que dormía perdió una llamada porque cuando sonó el timbre no pudo encontrar un dedo.
A un lápiz que quiso escribir nadie le dio la mano.
Es un problema con eso de la huelga de dedos: ni siquiera se pudieron digitalizar las pérdidas.
Una maceta que no pudo pasar del corredor, tuvo ganas de ir al baño. Cuando sintió estaba toda mojada.
A mi ventilador oscilante le tomaron una foto y se quedó congelado.
A una taza de café se le quemó la boca por estar soltando vapor.
Unos zapatos que caminaron todo el día, terminaron con la lengua de fuera.
Un libro que tragaba letras eructó palabras.
Una gorra enamorada terminó perdiendo la cabeza.
Y cuando encendieron la calculadora, comenzó el tiempo.
Cuando el cúbito despertó, oyó melodías que venían del radio.
Cuando los pasaron cerca del peroné, ¡los huevos se entibiaron!
El peine tenía que limpiarse los dientes después de cada peinada.
A la a gata que se durmió cerca de la computadora la despertó un fuerte olor a ratón.
En un rincón del Universo, Yahvé soñó conmigo.
Y al final, no todo estaba escrito.
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