martes, 2 de abril de 2013

Han ocurrido algunos eventos desde la última entrada.  Por ejemplo, falleció mi señora madre.  Al respecto, escribimos:



CONVERSACIONES CON MI MADRE.
1                    MADRE: soñé que te habías ido en un elefante pintado por Dalí, que tenía las patas largas y delgadas.  Ibas como una Soberana hindú.  Con turbante y un vistoso vestido carmesí.
2                    MADRE: recuerdo que me contaste que viste muchos bichitos de colores, que después se convirtieron en pescaditos y que te los fuiste comiendo uno a uno, hasta que sacaste el aire en un gran eructo con olor a pescadito.
3                    MADRE: también me viene a la memoria el día que me fuiste a traer a la guardería infantil a donde me llevabas mientras ibas a trabajar.  Me diste un dulce que compraste en el camino.
4                    MADRE: quizás recuerdas cuando me dieron aquel empleo en la 8ª. Calle de la zona 1 de la capital de Guatemala, cuidando el mostrador donde vendían toda clase de juguetes baratos, de plástico.  Me deslumbró una enorme –no tanto- cruz, de plástico, con un cristo crucificado, inserto en el plástico, formando unidad con la cruz, que la compré con los primeros centavos que me gané esa semana.  Eran tres cincuenta de quetzal menos mi cuota del IGSS, que ascendía a siete centavos.  Con el tres cuarenta y tres restante compré la cruz, que valía casi dos quetzales.  Te la llevé, ilusionado.  Me regañaste.
5                    MADRE: y aquel frío día de enero de mil novecientos sesenta, cuando hicimos cola con mi abuelito Tanito, para lograr inscribirme en la Escuela Normal Central para Varones, al primer grado de pre-vocacional. 
6                    Y cuando ya inscrito me sedujeron los nuevos compañeros para que les apoyara en una huelga de hambre contra el director de la Escuela, que estaba infringiendo algunas reglas.  Acepté e hice causa común, incluso con un cachetoncito que resultó ser el hijo del Director y quien aprovechó para protestar por algunos maltratos domésticos.
7                    Pero, MADRE, te has ido.  Durante más de sesenta años estuvimos juntos.  Fue toda una vida.  Ayer estabas allí, sentadita en la sala, tejiendo.  Hoy te busco y quisiera pedirte que me remiendes la pijama.  Y ya no estás.  Y te busco.  Y llego a tu cuarto.  Y sólo veo tu camita, tu aparador, con sus gavetas y tu ropa aguardando por el calor de tu piel…
8                    Y, madrecita linda, sólo encuentro los fantasmas del recuerdo.  Están allí, bien metidos, asustando a mis complejos y miedos…


También se publicó el No. 14 de la Revista Ariete, en la que publicamos poetas y escritores de Guatemala, Quetzaltenango y Coatepeque.

Se publicó, asimismo, la edición completa de MÁS ALLÁ DE XIBALBÁ, pequeña obra de relatos de nuestra autoría.

En el camino, escribimos algunos poemas y cuentecillos.  Por ejemplo, éste:

Scherezada estás triste
Porque los sultanes y odaliscas
Están asustados por las bombas.
Tu angustia, Scherezada,
Se ha anudado en tu garganta…
Como un collar de diamantes
Sanguinolentos.
La cueva de los tesoros
Se ha cerrado
Con sangre  y lodo.
Y los cuarenta ladrones
Se quedan cortos
Ante la ignominia
De los guerreros alados
Que arrasan
Con sus bombas de fósforo
El centro de la ciudad…
Y Alí Babá se queda oyendo
El eco de las explosiones
Que destruyen
Su querido Bagdad.
Y mira aterrado
Que su fórmula mágica
No sirve para abrir la puerta
De su refugio
Porque ahora es frase muerta
Porque la cueva ya no existe
Porque sus tesoros han sido robados
Y los ladrones ya no son cuarenta
Es solo uno:
Un poderoso Emperador
Que desde el otro lado del mundo
Busca gastar capitales
En relucientes armas
De última generación.
Scherezada estás triste
Porque tus mil y una noches
Han perdido el hilo de la historia
Y te han matado
En cada frase, en cada llanto
De las madres sin hijos
Y de los hijos sin madre
Que sucumben ante
La despiadada agresión.
¿Y dónde está, Scherezada
Simbad…
Para que te ayude a matar
Los ciclópeos sicarios
Que como hienas sangrientas
Acosan Bagdad?
¿Dónde está
El hombre que calculaba
Para que calcule
Cuántos pájaros viles
Están en los hangares?
Y ayude a recuperar
Las mezquitas y los templos
Donde Alá, dolorido,
Ve cómo Occidente
Invade.
Y el pueblo, dolido,
Se rinde
Ante la potencia imperial…
Ah, Aladino
¿dónde está
Aquella lámpara
Maravillosa
Que traía genios buenos
Y de la que brotaban mariposas?¡
¿y dónde tu alfombra mágica
Que conduce con sirenas
A las víctimas de la guerra?
Estoy triste por ti, Scherezada,
Porque tus sultanes se postraron
Ante los monstruosos invasores…

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Estamos con la consigna de seguir manteniendo este blog, por lo que invito a mis amigos a que lo lean y los comenten.  Cada vez que alguien pose su vista en sus letras me estará dando la vida que se escapa como arena entre las manos.  Pero al sentirnos leídos, es como si respiráramos aires nuevos.  Salud.


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